
Antes de seguir con tu dieta “milagro” favorita, piensa en esto: ¿y si lo que comes no solo depende de la moda o la fuerza de voluntad, sino de tus genes? La nutrigenómica y la nutrigenética están revolucionando la forma en que entendemos la relación entre alimentación, genética y salud. Este artículo te mostrará cómo funcionan y por qué podrían marcar el futuro de la medicina preventiva y personalizada.
Correo: dana.malips@gmail.com
¿Qué es la nutrigenómica?
La nutrigenómica estudia cómo los nutrientes y compuestos bioactivos de los alimentos influyen en la expresión de los genes. En otras palabras, lo que comes puede “activar” o “desactivar” ciertos genes relacionados con procesos como inflamación, metabolismo o riesgo de enfermedades crónicas.
Por ejemplo, un consumo excesivo de grasas saturadas puede alterar la expresión de genes relacionados con la resistencia a la insulina, aumentando la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 (Ordovás & Ferguson, 2018).
¿Y la nutrigenética?
Mientras la nutrigenómica analiza cómo la dieta afecta a los genes, la nutrigenética se enfoca en cómo las variaciones genéticas individuales determinan la respuesta a ciertos alimentos o nutrientes.
Un caso muy estudiado es el polimorfismo del gen MTHFR, que influye en la metabolización del ácido fólico. Las personas con ciertas variantes genéticas necesitan consumir más folato para prevenir problemas cardiovasculares o neurológicos (Fenech et al., 2019).

Aplicaciones en la práctica médica y empresarial
El auge de estas disciplinas abre oportunidades en múltiples áreas:
- Medicina personalizada: Los doctores pueden recomendar dietas ajustadas al perfil genético de cada paciente, mejorando la prevención y tratamiento de enfermedades.
- Negocios en salud y nutrición: Clínicas, laboratorios y emprendedores pueden ofrecer servicios de análisis genético y planes nutricionales personalizados.
- Bienestar general: Para el público interesado en cuidar su salud, la nutrigenómica aporta una base científica frente a las dietas generalizadas que muchas veces fracasan.
Un ejemplo real es el uso de tests genéticos para diseñar dietas que optimicen el rendimiento deportivo o que reduzcan riesgos en pacientes con predisposición a hipertensión.
El futuro de la alimentación personalizada
Aunque la nutrigenómica y la nutrigenética aún están en desarrollo, su potencial es enorme. Según la Academia de Nutrición y Dietética, la integración de datos genómicos en la práctica clínica podría ser clave para combatir la obesidad y otras enfermedades crónicas en la próxima década (ADA, 2021).
El reto ahora está en democratizar estas tecnologías para que no sean exclusivas de unos pocos, sino herramientas accesibles para médicos, pacientes y emprendedores del sector salud.
La alimentación personalizada ya no es ciencia ficción. La nutrigenómica y la nutrigenética nos recuerdan que no hay una dieta universal: tu genética habla, y lo que comes la escucha. Entender esta relación abre un camino hacia un futuro más saludable y preventivo, tanto a nivel individual como en el desarrollo de negocios médicos y nutricionales.