Seguramente habrás escuchado el icónico eslogan de Red Bull “Red Bull te da alas”, este permaneció como sello de la marca durante más de dos décadas, acompañando a la expansión global de la marca energética. Sin embargo, la frase no solo fue una herramienta publicitaria eficaz, sino también el centro de una controversia legal sobre publicidad engañosa.
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En 2014, la compañía de Red Bull GmbH aceptó pagar 13 millones de dólares para resolver una demanda colectiva en Estados Unidos. Los demandantes alegaron que la publicidad sugería beneficios fisiológicos y cognitivos no respaldados por evidencia científica fiable, tales como mejoras superiores a las obtenidas con una taza de café u otras fuentes de cafeína.
El caso se originó en acciones de marketing que presentaban una promesa implícita de incremento de rendimiento físico, mental o superioridad funcional, sin soporte científico sólido. Aunque Red Bull mantuvo que no admitía responsabilidad, el acuerdo incluyó compensaciones para consumidores y compromisos de que futuras afirmaciones estarían sustentadas médica o científicamente.
Desde un punto de vista científico, los efectos de bebidas energéticas como Red Bull están principalmente asociados a la cafeína. La literatura médica indica que muchos estudios observan mejoras transitorias en atención o tiempos de reacción, pero estos efectos suelen ser comparables a los aportados por otras fuentes de cafeína, como el café, y no necesariamente reflejan beneficios únicos derivados de formulaciones específicas.
Es importante subrayar que la evidencia científica no respalda afirmaciones extraordinarias sobre aumentos de rendimiento cognitivo más allá de los efectos fisiológicos conocidos de la cafeína, glucosa o taurina en el corto plazo. La mayoría de beneficios reportados se observan en condiciones controladas y no justifican promesas de efectos extraordinarios en poblaciones generales.
En el contexto normativo actual, los estándares de veracidad en publicidad son más estrictos, especialmente en el ámbito de la salud y el rendimiento. Órganos reguladores exigen que cualquier afirmación sobre efectos fisiológicos o de rendimiento esté respaldada por evidencia científica robusta y reproducible, y que el consumidor no construya expectativas erróneas. Ese estándar dificulta que campañas similares a “te da alas” se repitan sin un respaldo experimental convincente.
Además, la creciente conciencia sobre los riesgos asociados al consumo de bebidas energéticas como ansiedad, insomnio o efectos cardiovasculares por la cafeína y otros aditivos ha llevado a que las autoridades de salud recomienden consumo moderado y advertencias claras, reforzando la necesidad de precisión en la comunicación de beneficios.
En consecuencia, el caso Red Bull no solo representa un hito en la intersección entre marketing y salud pública, sino también una lección de responsabilidad para las empresas sobre cómo articular beneficios de productos con base en evidencia científica. En un entorno regulatorio más riguroso y con consumidores cada vez más informados, publicidad con promesas exageradas o sin sustento se enfrenta a barreras legales y éticas más altas.
Referencias