Protege tus riñones: rabdomiólisis y las señales que no puedes ignorar

Protege tus riñones: rabdomiólisis y las señales que no puedes ignorar

La rabdomiólisis es la ruptura rápida del músculo esquelético que libera mioglobina y CK a la sangre, sustancias tóxicas para el riñón. Entre el 13 % y 60 % de los afectados desarrollan lesión renal aguda (AKI). Esta proteína bloquea los túbulos renales y provoca estrés oxidativo, especialmente en orina ácida.

Descubre por qué la rabdomiólisis, una lesión muscular que muchos relacionan solo con deportistas o traumas extremos, representa un riesgo real de insuficiencia renal. Entenderás cómo detectar signos clave, tomar decisiones clínicas adecuadas y aplicar protocolos que pueden salvar la función renal.

Correo: dana.malips@gmail.com

¿Qué es la rabdomiólisis y cómo afecta al riñón?

La rabdomiólisis ocurre cuando las fibras musculares se destruyen y liberan sustancias como mioglobina y creatina quinasa (CK) en sangre, lo que puede dañar los riñones. Cuando la CK supera los 5 000 U/L y la mioglobina llega a niveles de 1 500–3 000 ng/mL, el riesgo de lesión renal aguda (AKI) aumenta significativamente.
La mioglobina se filtra a través de los glomérulos y forma depósitos sólidos con proteínas como Tamm–Horsfall en los túbulos, especialmente en orina ácida, provocando obstrucción, estrés oxidativo y finalmente necrosis tubular aguda. Esto se agrava cuando existe hipovolemia y vasoconstricción renal, reduciendo el flujo sanguíneo cortical.

¿Qué tan frecuente es y qué gravedad tiene?

La incidencia es difícil de cuantificar, pero estudios indican que entre el 10 % y 50 % de los pacientes con rabdomiólisis desarrollan AKI, y entre ellos, algunos requieren diálisis. En pacientes críticos con falla renal la mortalidad puede alcanzar hasta el 59 % frente al 22 % en quienes no desarrollan AKI. El pronóstico renal es generalmente favorable: la mayoría recupera función en los primeros tres meses, si se maneja adecuadamente.

¿Cómo se diagnostica?

Se hace evidencia en laboratorio: CK elevada, usualmente >5 000 U/L.

Prueba de orina positiva para sangre sin eritrocitos: indica mioglobinuria. La CK es más sensible que la mioglobina sérica, aunque esta última también ayuda a valorar el riesgo renal.

Herramientas de riesgo como el McMahon Score son útiles: puntuaciones ≥ 6 indican probabilidad de necesitar diálisis en más del 50 % de casos.

Tratamiento: lo que funciona (y lo que no)

Hidratación agresiva

El pilar del manejo es la reposición inmediata de líquidos con cristaloides isotónicos (salina o Ringer lactato), empezando preferiblemente en las primeras 6 horas tras la lesión muscular. Esto busca mantener una diuresis de al menos 1–3 mL/kg/h o 200–300 mL/h adultos. En casos de aplastamiento (crush), se pueden llegar a administrar entre 10 y 20 L en 24 h 

Alcalinización y diuréticos

Aunque históricamente se utilizó bicarbonato para elevar el pH urinario (>6.5), la evidencia actual no demuestra beneficios superiores frente a la salina sola, y su uso rutinario no está recomendado salvo para corregir acidosis sistémica.
El manitol puede considerarse si la diuresis permanece baja tras hidratación adecuada (>20 mL/h), pero debe usarse con precaución, ya que no reduce de forma concluyente la incidencia de AKI y puede causar sobrecarga hídrica o hiperosmolaridad.

Manejo de electrolitos

Son comunes hiperkalemia, hipocalcemia, hiperfosfatemia e hiperuricemia tras la destrucción muscular. El enfoque es similar al de otras causas de desequilibrio electrolítico: controlar ECG, glucosa-insulina para hiperkalemia severa (>6 mEq/L), usar gluconato de calcio en casos de arritmias, y tratar hipocalcemia sólo si es sintomática.

Terapia renal sustitutiva (TRS)

La diálisis se reserva para casos con AKI persistente, acidosis severa, hiperpotasemia refractaria o sobrecarga hídrica. La evidencia no respalda su uso profiláctico únicamente por altos niveles de CK o mioglobina. Modalidades como la hemofiltración continua (CKRT) o con filtros de alta permeabilidad pueden remover mioglobina, pero su impacto clínico aún no está claro.

Clave práctica 

Evitar ejercicio sin hidratación adecuada, conocer signos tempranos, buscar atención oportuna si hay síntomas incluso leves.

La rabdomiólisis es una causa potencialmente grave de lesión renal aguda, pero con una intervención oportuna centrada en hidratación, control de electrolitos y seguimiento clínico, la mayoría de los pacientes se recuperan por completo. La evidencia actual favorece fluidoterapia agresiva y desalienta el uso rutinario de bicarbonato o manitol, salvo indicación específica. Reconocer los factores de riesgo y actuar temprano puede prevenir daño renal irreparable.

Referencias:

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