Cuando “nuevo año” no significa energía nueva: entender el estrés postvacacional

Cuando “nuevo año” no significa energía nueva: entender el estrés postvacacional
15 Ene 2026 / by Dana Morales in psicología, Salud Laboral

El inicio de año es asociado con la renovación y expectativas de reinvención de hábitos, mejora de productividad y un nuevo ciclo “desde cero”. No obstante, pese a ser algo positivo esta idea puede generar un fenómeno contrario: estrés, desánimo y  baja motivación al reincorporarse a la rutina laboral después de un periodo vacacional. 

En literatura médica y psicológica, este malestar tiene un nombre reconocido como síndrome postvacacional o holiday blues.Se define como la dificultad de adaptación entre un periodo prolongado de descanso y el retorno a obligaciones diarias, lo que provoca síntomas físicos y psicológicos que reducen el rendimiento y la energía. 

Psicológicamente, la vuelta al trabajo tras las festividades representa un contraste abrupto entre ocio y deberes. La anticipación de responsabilidades puede activar emociones de ansiedad y tristeza, incluso en personas generalmente satisfechas con su empleo. Este fenómeno está documentado en investigaciones que asocian el estrés postvacacional con una disminución temporal de la vitalidad y la necesidad de recuperación tras períodos de descanso. 

Una encuesta internacional indica que solo el 27 por ciento de empleados no considera estresante regresar al trabajo después de las vacaciones de fin de año, lo cual subraya cuán prevalente es esta experiencia emocional negativa. Más de un tercio de los encuestados menciona la readaptación a la rutina como la principal causa de estrés laboral postvacacional. 

En términos clínicos, el estrés, ocurre cuando las demandas de nuestro entorno exceden nuestra capacidad percibida para enfrentarlas. En el contexto laboral, este desbalance puede manifestarse con síntomas como irritabilidad, agotamiento, falta de concentración o desinterés, afectando no solo el bienestar mental, sino también la salud física a largo plazo. 

Desde una perspectiva neuropsicológica, estas respuestas son adaptativas. Nuestra biología interpreta el retorno a la responsabilidad constante como un desafío, generando reacciones que históricamente habrían promovido la vigilancia y la preparación ante cambios ambientales. No obstante, cuando esta respuesta persiste más allá de lo esperado, puede convertirse en un patrón que dificulta la transición hacia rutinas saludables. 

No es raro que estas sensaciones se intensifiquen justo al comenzar el año, cuando el ideal de “metas renovadas” entra en tensión con una realidad percibida como monótona o insuficiente. Las expectativas sociales infladas acerca de productividad y cambio inmediato pueden irritar sentimientos de insuficiencia personal, ansiedad y apatía.

Para profesionales de la salud, reconocer que este estrés es común y clínicamente significativo es esencial. Intervenciones breves, como la planificación gradual de tareas, establecimiento de rutinas saludables y la integración de actividades placenteras en la agenda laboral, pueden facilitar una adaptación psicológica más suave.

Resumiendo, el estrés de volver al trabajo después de las vacaciones de año nuevo no es solo una percepción subjetiva: tiene bases psicológicas y fisiológicas claras. Aceptar esta experiencia como parte de una respuesta humana a la transición puede ayudar a normalizarla y a implementar estrategias que promuevan el bienestar integral.

Referencias